La electrificación de las flotas avanza en España, pero lo hace apoyada sobre todo en infraestructura privada. Nueve de cada diez empresas españolas que cuentan con vehículos eléctricos o híbridos enchufables disponen ya de sistemas propios de recarga.
El dato refleja un cambio relevante para el sector corporativo. La recarga deja de depender únicamente de la red pública y pasa a integrarse en la operativa diaria de las compañías. Para los gestores de flotas, disponer de puntos propios permite mayor control, mejor planificación y una gestión más directa de los tiempos de uso de los vehículos.
Según el Estudio sobre Movilidad Eléctrica de DKV Mobility, realizado a partir de 1.732 entrevistas en ocho países europeos, esta tendencia sitúa a la infraestructura interna como uno de los principales ejes de la transición hacia vehículos de cero emisiones.
Wallboxes y carga rápida en las empresas
Las compañías que ya han electrificado parte de su flota utilizan distintas soluciones de recarga. El informe señala que el 31% dispone de dispositivos tipo wallbox, cargadores de pared de potencia reducida orientados a recargas en sede.
A esta opción se suman las estaciones de carga rápida, presentes en el 63% de los casos. Esta infraestructura permite reducir tiempos y adaptar mejor la recarga a las necesidades operativas de las empresas.
El uso combinado de ambas soluciones muestra que las compañías buscan modelos flexibles. No todas las flotas tienen los mismos recorridos, horarios o necesidades energéticas. Por eso, la infraestructura propia se convierte en una herramienta clave para ajustar la electrificación a cada actividad empresarial.
La inversión seguirá creciendo
El estudio también apunta a una expansión de la infraestructura en los próximos dos años. El 69% de las empresas españolas prevé ampliar sus puntos de recarga para vehículos de cero emisiones.
Esta ampliación se realizará mediante la instalación de nuevos wallboxes o con la incorporación de puntos adicionales en las sedes corporativas. La previsión confirma que las compañías no solo están incorporando vehículos electrificados, sino que también están adaptando sus instalaciones para sostener ese cambio.
Desde una perspectiva B2B, este movimiento abre oportunidades para proveedores de soluciones de recarga, operadores energéticos, instaladores, gestores de flotas y empresas de servicios vinculadas a la movilidad corporativa.
El precio sigue siendo el principal freno
Pese al avance de la infraestructura privada, la adopción del vehículo eléctrico mantiene barreras importantes. En España, el 69% de los gestores de flotas considera que el precio de adquisición del vehículo eléctrico resulta excesivo.
Este factor pesa directamente en las decisiones de compra o renovación de flota. Las empresas deben equilibrar objetivos de sostenibilidad, costes operativos y capacidad de inversión.
El dato muestra que la electrificación no depende solo de la voluntad corporativa. También exige modelos económicos que permitan justificar la inversión inicial frente a otras alternativas de movilidad.
La autonomía también condiciona la decisión
La autonomía aparece como otra de las grandes barreras. El 69% de los gestores españoles la identifica como un factor limitante para acelerar la electrificación.
Para muchas empresas, la capacidad de los vehículos debe ajustarse a rutas, cargas de trabajo y necesidades diarias. Cuando la autonomía genera incertidumbre, la transición se ralentiza.
Este obstáculo resulta especialmente relevante en flotas con uso intensivo o con desplazamientos menos previsibles. La gestión del riesgo operativo sigue siendo un elemento central para los responsables de movilidad empresarial.
Coste energético y red pública insuficiente
El coste de la electricidad también influye en las decisiones de adopción. Según el estudio, frena al 61% de los gestores de flotas en España.
A ello se suma la percepción sobre la red pública de recarga. El 65% considera que todavía es insuficiente para cubrir las necesidades de los vehículos ecológicos.
Este punto explica, en parte, el peso de la infraestructura propia. Las empresas buscan reducir dependencia externa y ganar seguridad operativa. Sin embargo, la red pública sigue siendo importante para los desplazamientos fuera de sede y para flotas con recorridos más amplios.
Los retos europeos de la movilidad corporativa
El informe también analiza la situación desde una perspectiva europea. Los principales desafíos identificados son la presión sobre los costes, citada por el 76% de los encuestados; los requisitos de sostenibilidad, señalados por el 73%; y la electrificación de las propias flotas, mencionada por el 70%.
Estos datos muestran que la movilidad eléctrica ya forma parte de la agenda estratégica de las empresas. No se trata solo de renovar vehículos. Implica revisar costes, adaptar infraestructuras, cumplir objetivos ambientales y garantizar la continuidad operativa.
La electrificación avanza, pero todavía exige planificación, inversión y soluciones adaptadas a cada modelo de flota. Para el mercado B2B, el reto está en convertir esa transición en una oportunidad viable para empresas de distintos tamaños y sectores.